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Costa Rica y el 'efecto Trump' – sin protocolo de emergencia

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La campaña electoral agarró fuerza demasiado rápido en Costa Rica. Falta un año y ya estamos viendo debates organizados y discusiones mediáticas en torno a temas que, por cierto, ya acapararon una parte de la campaña de 2014. Tengo la impresión de que hay algo de precipitación en los partidos y en los medios de comunicación, pero resulta inevitable ignorar los movimientos tempraneros.

Esta campaña electoral nos sorprende a los periodistas sin tener resuelta la manera como vamos a afrontar en nuestro contexto esos elementos que ya vimos padecer a Estados Unidos con el fenómeno Trump. Me refiero a mentiras disfrazadas de hechos reales, acoso sistemático al sistema de medios de comunicación y aseveraciones descaradas sobre asuntos que hasta hace poco tiempo habrían sido motivo de censura pública.

También me refiero a alianzas poco disimuladas con algún medio de comunicación dispuesto a servir de parlante para ocurrencias y a los medios tradicionales que las difunden porque –lamentablemente- esto les genera rating. Además, perfiles enmascarados de redes sociales para atacar a rivales con informaciones que nadie con algo de sensatez se atrevería a ventilar poniendo su cara.

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El problema es que varios políticos de Costa Rica (y quizás de otros países) vieron que esa fórmula funciona. Ya está probada, incluso en un sistema político con instituciones fuertes, con partidos potentes y medios de comunicación que, se suponía, eran superpoderosos. Podemos ver los resultados: la potencia de una cuenta de Twitter en las manos incontenibles de un político sin escrúpulos y el triunfo de un medio estridente que parecía ser insignificante como el Breitbart.

Por momentos he dicho que esto no se puede reproducir en Costa Rica, pero los hechos (los de verdad, no los relativos) me han dejado como un bocón. Ya vimos precandidatos tratando de capitalizar la xenofobia, como si el sentimiento antimigratorio en Costa Rica fuera suficiente para volcar una elección completa.

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Explicaba el director del proyecto Estado de la Nación, Jorge Vargas Cullell, que no hay en Costa Rica un terreno apto para un candidato loquito. Temas “rentables” sí hay para los populistas de micrófono, pero no hay un clima de polarización suficiente en temas de inseguridad, xenofobia o exclusión económica. Su explicación me tranquilizó a medias, porque cada día que pasa veo elementos “importados” de la reciente campaña de Estados Unidos.

Los periodistas debemos pensar bien cómo vamos a afrontar estos dilemas cuando madure la campaña electoral. En nuestra redacción en el Semanario Universidad lo hemos hablado y la verdad es que no tenemos claro si la respuesta es evidenciar a los imitadores de Trump, ignorarlos, contradecirlos con informaciones rigurosas o directamente atacarlos antes de que tomen el poder formal. Nada nos garantiza el éxito. No lo sabemos y no sé si lo sabremos. Ojalá otros colegas estén pensando en lo mismo, aunque me temo que no somos mayoría.

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