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Op-Ed

La falta de respeto por la vida en Costa Rica: necesitamos un cambio

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Me gusta poder viajar al trabajo, realizar mandados o simplemente disfrutar el momento mientras me traslado a pie, en bicicleta o en autobús. Desafortunadamente la situación en nuestras calles es cada vez más complicada y no necesariamente por las presas, sino por la falta de respeto por la vida. En los próximos días nacerá mi primera hija y quisiera poder caminar con ella hacia cualquier parte sin miedo a ser atropellado o poder llevarla a pasear en bicicleta sin temor a convertirnos en una estadística negativa más.

La falta de respeto por la vida humana es un problema muy grave que estamos viviendo en nuestras calles. Olvidamos que en las calles viajan personas y pensamos en objetos: carros, buses, bicicletas, motos, pero olvidamos que son personas viajando en distintos medios de transporte. Si nos enfocamos solamente en los ciclistas (o mejor dicho personas que viajan en bicicleta), solamente en lo que llevamos de 2017 han muerto 8 personas atropelladas. La semana anterior hubo un evento que impactó fuertemente a gran parte de la población: un conductor en aparente estado de ebriedad, manejando a velocidad temeraria, atropelló a cuatro personas, acabando con la vida de tres de ellas y dejando gravemente herida a una más. La noticia se difundió a través de distintos medios y redes sociales, generando distintas reacciones.

Una de las reacciones fue la organización de una marcha en bicicleta en solidaridad con las familias de las víctimas y para solicitar a las autoridades respeto y medidas concretas para frenar las muertes de personas en bicicleta. En solamente unas horas un número importante de personas de distintas partes del país confirmaron su apoyo. En menos de dos días se unió un grupo de personas para organizar la actividad y en menos de una semana más de siete mil personas se hicieron presentes para manifestarse en homenaje a las víctimas y para pedir respeto en carretera. El resultado fue la actividad con mayor convocatoria en la historia del ciclismo urbano en el país, una imagen que dio la vuelta al mundo y una respuesta de parte del Presidente de la República, 24 horas después del evento.

Uno de los puntos destacables del domingo fue la formación de una imagen de una bicicleta gigante con la palabra “respeto” hecha con personas. La imagen fue diseñada por Gerardo Rodríguez y Teo Mezger, miembros del equipo coordinador, con el apoyo de cerca de 30 voluntarias y voluntarios. En la creación de la imagen participaron cerca de 1,500 personas y el resultado final fue realmente sorprendente.

Thousands of cyclists on Feb. 5 gathered at La Sabana Park, west of San José, and staged various demonstrations including this human mural demanding respect for them on the roads.

(Mike O’Reilly, Aerial Shutter, Via ChepeCletas)

El recorrido salió de la estatua del expresidente de la República León Cortés y se dirigió hacia el lugar donde el domingo anterior murieron 3 personas que viajaban en bicicleta. Participaron personas de todo el país, entre ellas grupos de ciclistas organizados de distintas comunidades de las siete provincias y familiares de las víctimas. La actividad fue un esfuerzo completamente colectivo, personas unidas de manera pacífica contra el irrespeto en las calles y a favor de un cambio.

Ante la situación que se vive en nuestras calles necesitamos nueva legislación que proteja a las personas que viajan en bicicleta, necesitamos que se cumpla la legislación actual, necesitamos mayor educación vial y definitivamente necesitamos una mayor educación ciudadana. Estos son algunos de los temas que se han conversando con mayor fuerza desde la marcha del domingo 5 de febrero. Es difícil leer muchos comentarios negativos en las redes sociales de medios de comunicación que han estado compartiendo información sobre los eventos mencionados. Existe un claro irrespeto en las calles y en las redes sociales, un desprecio por la vida, donde parece aplicar la ley de la selva, la ley del más fuerte, la ley del vehículo más grande.

Es hora de comenzar a darle un rostro humano a las personas que viajan por nuestras carreteras, sin importar el vehículo en el que viajemos. Es necesario educar a nuestra población desde pequeños, dejar de educar utilizando un enfoque carro-céntrico y ampliarlo a un enfoque a humano-céntrico. Paralelamente serán necesarios cambios en legislación (y su aplicación) y en infraestructura vial (humano incluyente). Sin embargo el cambio más importante deberá de venir desde cada uno de nosotros, nuestro comportamiento y actitud, a la hora de compartir las calles con los demás, necesitamos un cambio colectivo.

Roberto Guzmán es el director de ChepeCletas.

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